“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".
«... Necesito del amor puro, o de Jesús, para corresponder a Tu amor infinito: dámelo. Tengo sed de silencio, de escondite, de mortificación para poderme asemejar a Ti, para poderme identificar contigo, oh Jesús, Hostia de amor. Tengo sed..., tengo sed de Ti..., ardo: Jesús, dame de beber, Tú que eres fuente de vida para que no muera, sino que viva y viva sólo para Ti, oh Jesús, y vive solo para ti. Quiero ser tuyo hasta la consumación y consumirme por ti... Padre mío que estás en los cielos, creo en ti y te amo. Sí, Padre mío, te amo. Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, oh Padre, como se hace en el cielo. Padre, soy una pobre nada y en el fondo de mi nada y en el conocimiento de mi debilidad, clamo a Ti por puro amor..."
“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".