“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".
“Cuando era joven, no entendía por qué Jesús, a pesar de la negación de Pedro, lo quería como jefe, su sucesor, el primer Papa. Ahora ya no me sorprende y comprendo cada vez mejor que haber fundado la Iglesia sobre la tumba de un traidor, de un hombre que se asusta por las habladurías de un siervo, fue un continuo aviso para mantenernos a cada uno en la humildad y en la la conciencia de nuestra propia fragilidad. No, no dejo esta Iglesia fundada sobre una piedra tan débil, porque fundaría otra sobre una piedra aún más débil que soy yo”.
“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".