La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
Cuánto debió sufrir el Señor, qué bueno era: quiso morir primero. Ámense, sean generosos, perdonen... Para un cristiano que ha cumplido con su deber, morir no es triste. ¡Tranquilos, me despido, pero os espero en el Cielo! ¡Vayan, el Señor me espera, soy feliz!
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.