La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
«Cabe recordar que san Ricardo inició su camino de santificación en el contexto de la intensa espiritualidad de los laicos, propuesta por la Acción Católica. Por eso, tanto adolescente como joven estudiante y profesional, se comprometió en la obra de formación con la ayuda de una esmerada dirección espiritual, haciendo de los ejercicios espirituales su fuerte empeño, y sacando de la piedad eucarística la energía necesaria para continuar a pesar de las dificultades. Sobre todo, profundizó mucho el mensaje de la caridad evangélica a la luz de la meditación y la oración, pasando intensos momentos de contemplación junto a la Eucaristía, y luego dedicándose, con una sensibilidad particularmente aguda, al sufrimiento en todas las circunstancias”.
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.