“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".
“Mediante la profunda unión con Cristo, iniciada en el Bautismo y alimentada por la oración, los sacramentos y la práctica de las virtudes evangélicas, los hombres y mujeres de todos los tiempos, como hijos de la Iglesia, han llegado a la meta de la santidad. Son santos porque han puesto a Dios en el centro de su vida y han hecho de la búsqueda y difusión de su Reino la razón de su existencia; santos porque sus obras continúan hablando de su amor total al Señor y a sus hermanos y hermanas, dando frutos copiosos, gracias a su fe viva en Jesucristo y su compromiso de amar, incluso a sus enemigos, como Él nos amó".
“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".