La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
Estas páginas, extraídas de las clases del profesor Lazzati a un grupo de jóvenes en el Eremo San Salvatore, cerca de Erba (1977-86), proponen una reflexión que llega al corazón de la experiencia cristiana. Consiste en una visión y una práctica de vida vivida «en Cristo, bajo la guía del Espíritu Santo». El autor, firmemente arraigado en las Escrituras, examina temas perennes del camino del creyente en el Dios Trino, revelado por el Señor Jesús. La fe y la razón, con las cuestiones cruciales de la verdad y la libertad que conlleva, constituyen las puertas de entrada a los requisitos esenciales de la práctica del creyente. Esto tiene puntos de inflexión cruciales en las virtudes (teológicas y cardinales), en la manera de relacionarse con la propia corporalidad y, en definitiva, en la ley del amor. El camino trazado ofrece aplicaciones directas para los fieles laicos, llamados a ser constructores de una «ciudad a escala humana».
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.