Pierina nació en Saluzzo (Cuneo) el 6 de abril de 1903, hija de Pietro, panadero, y Giuseppina Nirino. Creció con el deseo de orar, estudiar, trabajar y servir a los demás. Ingresó en la Compañía de las Hijas de María, que educaba a muchas jóvenes en la fe cristiana y fomentaba la amistad con Jesús y el apostolado. Se encomendó a la Virgen María, inspirada en la santa esclavitud del amor de San Luis María Grignion de Montfort, para que su vida, en manos de María, fuera verdaderamente un don. Pierina trabajó en la Acción Católica en su parroquia de San Máximo en Turín, cuidando a las jóvenes con inteligencia y dedicación, ganándose el cariño, especialmente de las más pequeñas y necesitadas.
El 17 de abril de 1929, ingresó en la congregación de las Hermanas Capuchinas de Borgo Po en Turín, aunque reconoció que nada la había atraído a ellas, sino que era el lugar que Dios había destinado para ella desde la eternidad. Desde ese día, ya no estaría sola: la acompañaba la Voz, la voz de Jesús que la instruía y guiaba. Su vida, ahora convertida en la Hermana María Consolata, se transformó cada día en una historia de amor, una conversación continua e intensa entre Jesús y ella.
Fue declarada venerable el 6 de abril de 2019.