La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
Nació de padres maestros, quienes la confiaron a sus abuelos maternos en los primeros años de vida, por compromisos laborales. El 9 de mayo de 1915 recibió la primera comunión en la capilla de la Pía casa de misericordia Salita Quintino Sella y el 27 de mayo siguiente la confirmación. Al estallar la Primera Guerra Mundial, presencia la marcha de su padre y su tío al frente.
Mientras asistía al liceo Costa, el 27 de febrero de 1920, murió su hermano Enrico, de nueve años, y, creyendo que después de la muerte no había nada, se declaró atea. Se matriculó en la Facultad de Letras. El 8 de diciembre del mismo año, tras una violenta crisis interior, después de haberse confesado y comulgado, inicia una nueva vida basada en el lema: "Señor, si estás allí, házte conocer". En 1923 se incorporó a Fuci. Piensa en la vocación benedictina, pero tiene que renunciar a ella porque está enferma. Luego se convierte en oblata de la misma Orden. En 1933 concluyó su noviciado benedictino con la profesión de oblato del monasterio de San Paolo fuori le Mura, en Roma. La morada trinitaria se convierte en el centro de su vida y de su misión en la Iglesia. En 1936 tuvo frecuentes visiones de la Trinidad, así como persecuciones del demonio. Sal de Milán y regresa a La Spezia.
Del 5 al 15 de octubre de 1946, completa un ciclo de ejercicios espirituales en Génova y piensa crear una familia sacerdotal, por la que ofrecerá, en 1947, la vida de ermitaño. Mientras tanto, está involucrado en el movimiento de graduados católicos. Muere después de años de enfermedad y soledad.
Fue beatificada en La Spezia el 10 de junio de 2017.
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.