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Pio XI
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NOTAS BIOGRÁFICAS Y PROCEDIMIENTO DE LA CAUSA

María Grazia Basile

13 de noviembre de 1988, San Giovanni Rotondo, Foggia - 25 de diciembre de 2006, San Giovanni Rotondo, Foggia

Maria Grazia Basile nació en San Giovanni Rotondo (FG) el 13 de noviembre de 1988.
Para ella el tiempo sólo duró 18 años. Ascendió al cielo el día de Navidad de 2006.
La suya es una familia sencilla de Carpino (Fg). Pasó su infancia y adolescencia con Vittoria y Nicola, sus queridos padres, y con Giovanna, su hermana menor a quien quería especialmente.
Su vida transcurre tranquila y como la de muchos otros niños en la sencillez de una familia normal; Era, como dicen, todo casa, escuela, parroquia y amigos.
A los 14 años, el diagnóstico de una terrible enfermedad que no llamó a su puerta, entró violenta y con fuerza. Enfermedad aceptada con gracia y dignidad, enriquecida por los valores éticos entrecruzados en su persona.
Su exuberante vitalidad, propia y natural a esa edad, la ha sostenido siempre incluso en los momentos de sufrimiento. Pero tenía una amiga especial que la acompañaba constantemente y de quien sacaba fuerza, luz y esperanza: la Fe.
Fueron muchas las riquezas que guardó en su corazón de adolescente: el amor a su familia, la pasión por el estudio, la solidaridad hacia los demás y su querido grupo ACR.
Educador Extraordinario del ACR. En la parroquia de San Nicola di Mira y San Cirillo d'Alessandria en Carpino, expresó un inmenso amor hacia los demás, especialmente hacia los pequeños, los necesitados y los que sufren. Le encantaba la escuela, aprender y estar con los pequeños huéspedes del Departamento de Onco-Hematología Pediátrica del Hospital Casa Sollievo della Sofferenza de San Giovanni Rotondo, con quienes compartía largas estancias en el hospital. Su sueño era convertirse en médico en el “estilo y espiritualidad” de San Pío. Nunca pensó que ese departamento se convertiría en su segundo hogar.
En la sala era amiga de todos y se convirtió en la organizadora de muchas actividades: trabajo con la maestra, laboratorio para “AGAPE”, asociación de padres de niños en OncoHematología.
Maestro en todo, pero sobre todo maestro en la fe. No podía prescindir de Dios y de la oración. Todo quedó en segundo plano; A veces incluso terapias y controles.
Tenía una relación inusual con la enfermedad. Siempre tuvo conciencia de que su gran fe en Dios le daría la fuerza y ​​la alegría para seguir esperando, a pesar de todas las dificultades de su terrible condición, un futuro y una vida plena.
También sacaba coraje sintiendo el sufrimiento y las dificultades de los demás, especialmente de sus familiares, pero sabía sacrificarse en su sufrimiento cuando podía posponer tratamientos u hospitalizaciones para poder participar en sus reuniones de la ACR o cuando, presa de la gravedad de su enfermedad, rechazaba o posponía terapias contra el dolor para permanecer suficientemente lúcida para rezar y así llevar a cabo sus numerosas actividades.
María Grazia se comprometió a realizar orgánicamente su vida en ayudar a los niños y jóvenes a descubrir la presencia viva del Señor, a ayudarlos a vivir experiencias ricas de significado, conquistando, con el corazón y con la mente, la propuesta siempre actual del Evangelio de Jesús con el que tenía una relación confidencial.
A menudo lo confrontaba cara a cara, como si fuera un amigo. Es hermoso pensar que Él tenía una predilección especial por ella cuando la llamó a Sí el día de Navidad y que, seguramente, se encontraron a mitad de camino: mientras Él descendía a la Tierra, ella ascendía al Cielo.
Entre las enseñanzas que María Grazia nos ha dado está ciertamente la de respetar el deber de ayudar a quien se encuentra en particular malestar y dificultad a redescubrir la esperanza y el amor por la vida, a mirar con confianza y serenidad los proyectos futuros, a servir a la cultura de la vida y no a la de la muerte.
Desde muy joven se involucró en su parroquia como auténtica cristiana, como laica competente y como valiosa colaboradora. Su compromiso personal en el desempeño de sus actividades en la parroquia y en el hospital fue notable y supo realizar el testimonio evangélico a través de su presencia y compromiso en la Comunidad.
Una abeja trabajadora decidida a producir miel ha sido descrita muchas veces por aquellos que la conocen.
Esta iniciativa es una manera de hacer crecer en nuestra Comunidad Eclesial y en nuestro territorio la dimensión de fe y de servicio que caracterizó su existencia.
María Grazia creció con el acompañamiento de AC, un camino acogido y deseado plenamente con aportaciones personales que le permitieron encarnar esos valores asociativos, de donación incondicional, de espiritualidad fiel y profunda, de participación atenta en la vida de la Iglesia y de la Comunidad que, junto a su personalidad soleada, constituyeron un ejemplo también para quienes vendrán después de ella.
La vida de María Grazia fue ciertamente una respuesta a la llamada a la santidad en la cotidianidad laical de la vida cristiana, como Juan Pablo II había propuesto brillantemente a todos los cristianos al inicio de este segundo milenio.
Todo esto lo logró brillantemente en la experiencia ACR donde trabajó siempre con alegría, dedicación, jovialidad y mucho, mucho amor.

 

da santiebeati.it

 

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