La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
1927 (27 de febrero) nació en Torretta di Possidente, una aldea en el municipio de Avigliano, el primero de ocho hijos de Antonio D'Andrea y Maria Carmela Bochicchio.
1935 (26 de mayo) con motivo de la coronación de la imagen de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Avigliano, recibe los sacramentos de la Primera Comunión y la Confirmación.
En 1947 fue presidente de la Giac (Juventud Italiana de Acción Católica) de Possidente.
En 1955 se casó con Vita Crescenzia Iannielli.
Del matrimonio nacieron seis hijos. Tras los primeros años de matrimonio, la familia se mudó a Potenza.
En 1972 fue elegido presidente de Acción Católica en la parroquia de Santa María del Sepolcro en Potenza.
Entre 1986 y 88 fue vicepresidente diocesano de Acción Católica.
En 1988 fue ordenado diácono por el arzobispo de Potenza, monseñor Giuseppe Vairo.
2005 (30 de septiembre) sufrió una hemorragia cerebral mientras se dirigía al distrito de Lavangone para la Santa Misa y murió en el hospital de Potenza después de una agonía que duró 13 días.
Junto con su esposa Vita, Franco D'Andrea implementó un modelo concreto de iglesia doméstica, en la que la oración, particularmente el rezo diario del Rosario, la lectura de la Palabra de Dios y la gracia que fluye de la celebración sacramental, no solo marcaban y coloreaban los diferentes momentos del día, no solo acompañaban el crecimiento de la comunidad familiar, que se enriquecía progresivamente con nuevos rostros y nuevas voces, sino que también contribuían a la maduración de esa sabiduría del corazón que puede conducir todo de vuelta al redil de la Providencia y purifica el alma, libre de toda sed de poder e interés propio.
Así, la fe arraigada en Dios, la confianza inquebrantable en su Providencia y el trabajo vivido con compromiso y fidelidad han podido ampliar los espacios de comunión y paternidad, abriendo cada día más a esta familia al cuidado de los más necesitados y a la participación en la vida y la misión de la Iglesia.
Fueron años de gracia y entusiasmo, años que marcaron decisivamente la vida humana y cristiana de muchas parejas y de numerosas familias en esta y otras comunidades eclesiales. El hogar de los D'Andrea era un lugar privilegiado de encuentro y oración para todos. Las sonrisas serenas y acogedoras de los anfitriones irradiaban una profunda serenidad, revelando un extraordinario equilibrio interior: todos podían escuchar una palabra sincera y cordial de bienvenida, de aliento, de esperanza; para cada uno, una invitación a colocar al Señor Jesús y su Palabra en el centro de su vida personal y familiar.
(Del saludo del párroco de Santa Maria del Sepolcro, Padre Domenico Discepolo, con motivo de la celebración del funeral, 1 de octubre de 2005)
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.