La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
En el clima incandescente de la España de los años XNUMX y XNUMX, no se salvó ninguna orden religiosa, como tampoco se salvaron los laicos y los sacerdotes del clero diocesano.
Los cinco beatos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios forman parte de un grupo de mártires, los sesenta y nueve compañeros de Braulio Maria Corres y Federico Rubio, a quienes presentamos aquí como novicios que aceptaron su vocación en la Acción Católica.
FRANCESC XAVIER PONSA CASALLACH
El 27 de agosto fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María. A los catorce años comenzó a trabajar como aprendiz de carpintero, haciéndose apreciar por su seriedad y habilidad en el trabajo. Forma parte de la Juventud Católica, donde se destaca por su celo y ocupa el cargo de secretario de la Federación de Jóvenes de Acción Católica. Al enterarse de la misión caritativa que desempeñaban los frailes de San Juan de Dios en los hospitales, se sintió llamado a la vida consagrada para dedicarse a la asistencia a los enfermos.
El 20 de febrero de 1935, con la oposición violenta de su familia, apoyado por su director espiritual, ingresó en la Orden de San Juan de Dios en San Baudilio de Llobregat.
El 2 de junio del mismo año tomó el hábito de novicio en Calateli y el 3 de junio de 1936 hizo su profesión religiosa, tras reconciliarse con su familia con motivo de la muerte de su madre. A partir de este momento se dedicó a asistir a los enfermos de tuberculosis.
Durante la noche del 25 al 26 de julio de 1936 fue capturado por primera vez por milicianos junto a sus hermanos. Tras ser liberado, prefirió regresar a su ciudad natal, donde el 27 de septiembre de 1936 fue detenido nuevamente por milicianos, quienes lo asesinaron al día siguiente.
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.