«No digamos que hoy es más difícil;
es diferente. Más bien aprendamos
por los santos que nos han precedido
y se enfrentaron a las dificultades
característica de su época".
En 1925 ingresa en el seminario de San Fulgenzio y en 1936, durante la persecución religiosa, logra salvar las especies eucarísticas, cuando su parroquia es incendiada. Poco después, fue condenado a tres años de prisión y trabajos forzados.
Ordenado sacerdote el 9 de junio de 1940, pasó a ser párroco y, en 1954, director espiritual del seminario de la diócesis de Orihuela-Alicante, donde permaneció hasta su muerte.
Mientras tanto, asume la tarea de asistente de la Acción Católica y se dedica a la formación de los miembros con retiros y ejercicios espirituales, que también realiza para otros grupos de toda España. Profesor de teología espiritual, también se dedica a los catequistas y al Consejo Nacional de la Unión Apostólica.
«No digamos que hoy es más difícil;
es diferente. Más bien aprendamos
por los santos que nos han precedido
y se enfrentaron a las dificultades
característica de su época".