La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
«Habiendo descubierto que 'se podía hacer santa incluso sin ir a un convento', se abrió con amor a la vida parroquial, a la Acción Católica y al apostolado vocacional. La oración personal, la participación diaria en la Santa Misa y la dirección espiritual la llevaron a comprender la voluntad de Dios y las expectativas de sus hermanos y hermanas, a madurar la decisión de consagrarse privadamente al Señor en el mundo”.
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.