“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".
“Todos estos hermanos, perseverando en su consagración a Dios y en su entrega al servicio de los enfermos y en la fidelidad a los valores del carisma y de la misión hospitalaria que practicaban, dieron su vida por la fe y como prueba suprema de amor. Su martirio sigue las huellas de Cristo, misericordioso y buen samaritano, tan cercano al hombre que sufre al dar su vida por la salvación del género humano».
“El mejor regalo que puedes dar
a la Iglesia y al mundo es la santidad".