La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
«"Nada me perturba: veo en todo la santa voluntad de Dios, y la amo y la adoro siempre. (...) "Traté de superarme, de convertirme también en florecilla del Señor. (...) "Conozco toda mi pequeñez y mi impotencia, pero todo lo espero de Ti, Señor". (...) "No, no creas que estoy sufriendo. La enfermedad me es querida, porque a través de ella puedo ofrecer algo a mi Jesús"»
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.