La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.
«Alberto Marvelli, un joven fuerte y libre, hijo generoso de la Iglesia de Rímini y de la Acción Católica, concibió toda su corta vida de apenas 28 años como un don de amor a Jesús para el bien de sus hermanos. “Jesús me ha envuelto en su gracia”, escribió en su diario; "Sólo lo veo a Él, sólo pienso en Él". Alberto había hecho de la Eucaristía diaria el centro de su vida. En la oración buscó también inspiración para el compromiso político, convencido de la necesidad de vivir plenamente como hijos de Dios en la historia, para hacer de ésta una historia de salvación. En el difícil período de la Segunda Guerra Mundial, que sembró muerte y multiplicó la violencia y los sufrimientos atroces, el Beato Alberto cultivó una intensa vida espiritual, de la que brotó aquel amor a Jesús que lo llevó a olvidarse constantemente de sí mismo para tomar la cruz de los pobres. ". .
La historia de su Asociación
se compone de muchos “santos de al lado” – ¡muchos! –,
y es una historia que debe continuar:
la santidad es un patrimonio que hay que custodiar y una vocación que hay que acoger.